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Dionisos

La primera borrachera

DolorOlvido

Dionisos había nacido de la pierna de Zeus después de que Hera matara a su madre.

Esa es la historia oficial.

Dionisos tenía cinco años cando Zeus le enseñó que el dolor se podía ahogar.

Sémele había muerto quemada viva por ver a Zeus en su forma real. Dionisos había estado en su vientre cuando pasó.

Había sentido cómo su madre se convertía en cenizas a su alrededor.

Zeus lo había cosido en su muslo para "salvarlo." Pero el niño no paraba de llorar. Día y noche. Gritos que partían el alma.

—¿Por qué no se calla? —le preguntó Hera a Zeus.

—Recuerda —respondió Zeus—. Recuerda el fuego. El dolor de su madre.

Los recuerdos de Dionisos no eran suyos. Eran de Sémele. Su terror. Su agonía. Su amor desesperado por el hijo que estaba perdiendo.

Zeus probó todo. Nodrizas. Canciones. Juguetes.

Nada funcionaba.

Hasta que un día, desesperado, Zeus mezcló néctar con opio y se lo dio al niño.

Dionisos dejó de llorar.

Por primera vez en meses, , hubo silencio.

—¿Cómo te sientes? —le preguntó Zeus.

—No siento —respondió Dionisos, con ojos vidriosos—. No recuerdo.

Zeus sonrió.

—Perfecto.

A partir de entonces, cada vez que Dionisos empezaba a recordar, Zeus le daba más.

Más néctar. Más opio. Más olvido.

—¿Por qué me das esto, papá?

—Porque tienes recuerdos que no son tuyos —le explicó Zeus—. **Dolor que no te pertenece. Esto te ayuda a... ser tú mismo.

Pero Dionisos no sabía quién era él mismo sin los recuerdos de su madre.

Sin su dolor, era... vacío.

Así que empezó a necesitar más. Más sustancia. Más olvido. Más ausencia.

Un día, ya adolescente, Dionisos le preguntó a Zeus:

—¿Quién soy cuando no estoy... así?

Zeus lo miró durante mucho tiempo.

—No lo sé —admitió finalmente—. Y no creo que quiera saberlo.

Dionisos entendió entonces que Zeus no lo había salvado del dolor.

Lo había convertido en alguien para quien el dolor era insoportable.

No era el dios del vino.

Era el dios de no poder estar sobrio.

Porque sobrio, recordaba. Recordaba el fuego. Recordaba a su madre muriendo. Recordaba que él había sido la causa.

Y Zeus prefería un hijo adicto que un hijo que hiciera preguntas sobre por qué su madre había tenido que morir.

Así que Dionisos se pasó la eternidad enseñando a otros a hacer lo que él hacía:

Ahogar verdades insoportables en olvido embriagante.

Porque era más fácil escapar de la realidad que vivir en ella.

Y Zeus había sido su primer camello.